Como decíamos ayer...
Hace casi dos años que abrí este blog. Lo abrí sin una intención clara. Ni siquiera sé si alguien llegará a leer alguno de estos comentarios aparte de mí mismo. La verdad es que casi me da igual. Me conformo con que el hecho de plasmar aquí mis impresiones, preocupaciones, alegrías, ... me sirva para conocerme mejor a mi mismo y para ordenar ideas, que nunca viene mal.
Creo que puede ser un ejercicio mental interesante, lo cual es muy de tener en cuenta sobre todo en estos tiempos en que está tan de moda hablar de esa que dicen que es la enfermedad del futuro (¿cómo era el apellido ése?, ¡ay, qué memoria!).
¿Que por qué no he escrito nada desde hace casi dos años? Pues por pura dejadez.
¿Que por qué me ha dado hoy por volver a escribir? Pues yo creo que por dos cosas.
La primera, que últimamente me ha dado por hacer de opinador en algún blog y, la verdad, le he cogido el gustillo al tema así que ¿qué mejor que continuar yo con el mío propio? Porque ya sabemos todos que como en casa de uno no se opina en ningún sitio.
La segunda es que hoy me ha pasado algo que me ha hecho sentirme un poco mayor. Hace tiempo colgué un comentario en el blog de Javier Vizcaíno sobre el tema de envejecer, sentirse viejo, etc. Venía a decir que no hay ninguna frontera clara que nos diga "desde hoy eres viejo", "ya has terminado la adolescencia", etc. Pues bien, hoy me tengo que desdecir. Hoy, tras la correspondiente prueba de llevar un tamgochi colgado durante 24 horas pitando y apretándome el brazo cada 20 minutos, el médico ha llegado a la conclusión de que tengo que empezar a tomar pastillas para la tensión. Y, una vez que se empieza es para toda la vida. Ahí es nada. ¿Hay algo más típico de los abueletes que la pastilla para la tensión? Y, por favor, que no me venga nadie con el cuento de que mucha gente joven la toma, bla, bla, bla.
Desde hoy me siento mucho más cercano a los jubilados que hacen cola en la consulta del ambulatorio para que la enfermera les mire la tensión que de los jovenzuelos que van para ver si les pueden curar el acné.
¡Qué le vamos a hacer! Me compraré un pastillero bonito para lucirlo en los eventos sociales. ¿Hay algo más distinguido que un buen pastillero? Podríamos pensar en un buen coche, un buen reloj, un maletín de piel, ropa de marca pero lo que definitivamente marca la diferencia entre la clase y el "nuevoriquismo" es sacar un buen pastillero a los postres. Uno de esos pequeñitos que lo abres y parece imposible que quepan el pulgar y el índice para sacar la pastillita.
Ahora, eso sí, me ha dicho que de momento me tome sólo media diaria. No sé de qué tamaño serán las pastillitas (aun no las he comprado) pero espero que tengan el tamaño suficiente para que mi natural torpeza no me obligue a acabar ingiriendo las pastillas en polvo. ¿Seré capaz de dividirlas en dos mitades idénticas?¿Qué pasará si la mitad de un día es distinta a la del día siguiente?¿Seré capaz de encontrar las medias pastillas en el pastillero?
En fin, que no hay mal que por bien no venga y que, si bien este hito marca un antes y un después, quizá me sirva para mejorar en glamour y habilidad.
El tiempo lo dirá.
Hasta el siguiente post. ¿Será antes de 2 años? Espero que sí.
Creo que puede ser un ejercicio mental interesante, lo cual es muy de tener en cuenta sobre todo en estos tiempos en que está tan de moda hablar de esa que dicen que es la enfermedad del futuro (¿cómo era el apellido ése?, ¡ay, qué memoria!).
¿Que por qué no he escrito nada desde hace casi dos años? Pues por pura dejadez.
¿Que por qué me ha dado hoy por volver a escribir? Pues yo creo que por dos cosas.
La primera, que últimamente me ha dado por hacer de opinador en algún blog y, la verdad, le he cogido el gustillo al tema así que ¿qué mejor que continuar yo con el mío propio? Porque ya sabemos todos que como en casa de uno no se opina en ningún sitio.
La segunda es que hoy me ha pasado algo que me ha hecho sentirme un poco mayor. Hace tiempo colgué un comentario en el blog de Javier Vizcaíno sobre el tema de envejecer, sentirse viejo, etc. Venía a decir que no hay ninguna frontera clara que nos diga "desde hoy eres viejo", "ya has terminado la adolescencia", etc. Pues bien, hoy me tengo que desdecir. Hoy, tras la correspondiente prueba de llevar un tamgochi colgado durante 24 horas pitando y apretándome el brazo cada 20 minutos, el médico ha llegado a la conclusión de que tengo que empezar a tomar pastillas para la tensión. Y, una vez que se empieza es para toda la vida. Ahí es nada. ¿Hay algo más típico de los abueletes que la pastilla para la tensión? Y, por favor, que no me venga nadie con el cuento de que mucha gente joven la toma, bla, bla, bla.
Desde hoy me siento mucho más cercano a los jubilados que hacen cola en la consulta del ambulatorio para que la enfermera les mire la tensión que de los jovenzuelos que van para ver si les pueden curar el acné.
¡Qué le vamos a hacer! Me compraré un pastillero bonito para lucirlo en los eventos sociales. ¿Hay algo más distinguido que un buen pastillero? Podríamos pensar en un buen coche, un buen reloj, un maletín de piel, ropa de marca pero lo que definitivamente marca la diferencia entre la clase y el "nuevoriquismo" es sacar un buen pastillero a los postres. Uno de esos pequeñitos que lo abres y parece imposible que quepan el pulgar y el índice para sacar la pastillita.
Ahora, eso sí, me ha dicho que de momento me tome sólo media diaria. No sé de qué tamaño serán las pastillitas (aun no las he comprado) pero espero que tengan el tamaño suficiente para que mi natural torpeza no me obligue a acabar ingiriendo las pastillas en polvo. ¿Seré capaz de dividirlas en dos mitades idénticas?¿Qué pasará si la mitad de un día es distinta a la del día siguiente?¿Seré capaz de encontrar las medias pastillas en el pastillero?
En fin, que no hay mal que por bien no venga y que, si bien este hito marca un antes y un después, quizá me sirva para mejorar en glamour y habilidad.
El tiempo lo dirá.
Hasta el siguiente post. ¿Será antes de 2 años? Espero que sí.
